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¿Dónde buscar información sobre tarjetas de crédito?

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Si estás buscando una nueva tarjeta de crédito y te encuentras perdido entre las miles de opciones disponibles, no estás solo. Se requiere un PhD solamente para sortear los términos y condiciones de muchas de estas tarjetas, lo cual es particularmente difícil porque no hay una única y perfecta solución para todos, ya que cada quien tiene necesidades diferentes.

Afortunadamente, ya algunos especialistas (quizás con PhD, quizás no) se han dado a la tarea de revisar minuciosamente los detalles y convertir esa información en listas o herramientas que puedes utilizar fácilmente.

Sin embargo, para que estos recursos sean eficientes, debemos hacernos varias preguntas antes de empezar:

  • ¿Suelo llevar un balance en la tarjeta de crédito? Si es así, mi prioridad es buscar una tarjeta con bajos interestes – recuerda que los efectos del interés compuesto son poderosos, en este caso para mal.
  • ¿Estoy dispuesto a pagar una tarifa anual por la tarjeta, o prefiero una tarjeta gratis?
  • Si no llevo un balance, ¿qué tipo de beneficios me gusta más?
    • Cash back – dinero de vuelta
    • Viajes
    • Mercancía
  • ¿Cómo está mi puntaje de crédito? En algunos casos sólo puedes acceder a los mejores beneficios si tienes un puntaje alto.

Habiendo pensado en lo anterior, a continuación están algunos recursos para seleccionar la mejor tarjeta para tí:

Norte América

  • Creditcards.com: este sitio, que tiene páginas para Estados Unidos (inglés y español), Canadá y Reino Unido, te permite seleccionar las tarjetas de acuerdo a los beneficios que ofrecen. También tienen una herramienta llamada CardMatch, que te ofrece una selección más personalizada si les provees de información que les permita hacer un soft check de tu historia de crédito (un “soft check” no afecta tu puntaje de crédito).

Estados Unidos

  • NerdWallet: este es uno de los sitios más populares del internet para buscar información de este tipo. En los resultados te permite filtrar las tarjetas de acuerdo a la “marca” (Visa, MasterCard, etc.), puntaje de crédito, etc.
  • Google Advisor: este nuevo servicio de Google aun presenta un menú limitado, ya que es alimentado por las mismas compañías que ofrecen las tarjetas. Sin embargo, como muchos productos de Google, es posible que mejore con el tiempo.

Canadá

  • Federal Consumer Agency of Canada: esta agencia del gobierno ofrece una herramienta que permite comparar directamente varias tarjetas de acuerdo. Lo que más me gusta es que permite seleccionar tu tarjeta actual para compararla con otras opciones en el mercado.
  • ComparaSave.com: esta página tiene una herramienta que te permite seleccionar y comparar tarjetas de acuerdo a varios criterios.
  • MoneySense Credit Card Selector: ellos normalmente tienen una herramienta donde introduces tus detalles y te da opciones que te convienen. Por ahora no parece funcionar, pero puedes acceder al enlace para ver las listas de mejores tarjetas de viaje, mercancía, cash back, bajos intereses, estudiantes y pequeños empresarios.

Dade la complejidad del mercado de tarjetas de crédito, entenderán que no puedo hacerme responsable de que esta información o la ofrecida en cualquiera de estos portales sea 100% exacta. Cada uno de nosotros debe verificar con la compañía que emite la tarjeta que los términos y condiciones sean correctos.

Y entonces, ¿ya estás listo para cazar la mejor tarjeta de crédito para tí? Si utilizas algunos de estos recursos, ¡Cuéntanos tu historia! Si usaste otras herramientas, dinos cuales fueron también.

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La controversia sobre las tarifas en tarjetas de crédito

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¿Te has preguntado por qué algunos comercios aún solo aceptan efectivo o tarjetas de débito, o te dan un descuento si pagas en efectivo?

La respuesta, como seguramente acertaste, es que los comerciantes deben pagar comisiones a los bancos y compañías de tarjetas de crédito cada vez que usas la tarjeta, pero el precio que tu pagas siempre es el mismo independientemente de lo que compres, lo cual significa que los minoristas hacen menos dinero con Visa, MasterCard u otras tarjetas de crédito. Esto es especialmente preocupante para los pequeños comerciantes porque recientemente se están poniendo de moda las tarjetas premium (las que ofrecen puntos, millas, seguro de compras u otros beneficios), las cuales generan aún mayores comisiones para el banco y las compañías de tarjetas de crédito. Si alguna vez te preguntaste como se financiaban estas recompensas, he allí la respuesta.

Debido a la mella que dejan estas tarjetas de crédito en las finanzas de los pequeños y grandes comerciantes, estos han hecho grandes esfuerzos recientemente para inclinar la balanza a su favor, lo cual ha llegado a las noticias en forma de (como cosa rara en Norte América) demandas.

Estados Unidos

En enero de este año, después de varias demandas introducidas, se generó un acuerdo entre grandes comerciantes y Visa y MasterCard que les permite a los comerciantes cobrar un porcentaje adicional, entre 1.5% y 3%, para cubrir los costos de procesamiento de la transacción.

Ahora bien, el resultado de este acuerdo, que se hizo efectivo el 27 de enero del 2013, podría no afectarte por alguna de estas razones:

  • Varios estados tienen leyes que previenen cobrar tarifas adicionales por el uso de tarjetas de crédito. Estos estados son: California, Colorado, Connecticut, Florida, Kansas, Maine, Massachusetts, New York, Oklahoma, Texas y Utah.
  • En el resto de los estados, muchos comercios no se han arriesgado a aplicar el recargo para evitar perder clientela. O bien han terminado absorbiendo la pérdida a costa de sus ganancias, o pasar los gastos al consumidor a través de mayores precios.

Canada

Esta semana se generó una decisión en una disputa similar. A diferencia de Estados Unidos, en Canadá un tribunal decidió no cambiar las reglas existentes que previenen cobros adicionales por uso de tarjeta de crédito, a pesar de la solicitud interpuesta por la asociación nacional de minoristas. Eso significa que, al menos en el corto plazo, no habrán cobros adicionales y todo seguirá como hasta ahora.

¿Qué puedo esperar que suceda en el futuro?

Es probable que las cosas no terminen allí. En ambos países, ya varios legisladores han expresado su intención de llevar iniciativas de ley para regular el sector, cosa a la que Visa y MasterCard se oponen, por razones obvias.

En estos días la Unión Europea se pronunció sobre el tema y piensa introducir una ley para limitar las comisiones a 0.3% (el promedio de las tarifas actuales allá es de 0.9%). Regulaciones similares ya existen en Australia y Nueva Zelanda desde hace varios años.

Quizás la diferencia entre estos países y Norte América es la influencia que tienen los grupos de interés (o lobby groups, como se les conoce en inglés), para manipular la intención de los legisladores. Esperamos que prevalezcan los criterios que beneficien a las mayorías.

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Solicitar una tarjeta de crédito – Lo bueno, lo malo y lo feo

Seguramente ya habrán escuchado que no es bueno tener muchas tarjetas de crédito: las deudas se pueden acumular rápidamente debido a las altas tasas de interés, el puntaje de crédito tiende a bajar, etc, etc. Sin embargo, recientemente me vi en la “necesidad” de solicitar una nueva tarjeta de crédito.

Para serles sincero, esta “necesidad” no es de vida o muerte. Actualmente tengo una tarjeta de crédito de tipo “no-fee”, que no tiene una cuota de mantenimiento anual y devuelve una pequeña cantidad del dinero gastado (cash-back). Sin embargo, el límite de crédito es muy bajo y no ofrece otros beneficios.

En particular, yo estoy interesado en una tarjeta que ofrezca un beneficio particular: seguro de renta de vehículo (car rental insurance). ¿Por qué? Pues yo no tengo un vehículo, pero rento con cierta frecuencia para necesidades puntuales (transportar objetos grandes o pesados, salir de la ciudad, etc.) y cada vez que rento pago entre $15 y $20 en seguro de vehículo por día, más impuestos. A veces resulta tan costoso como la misma renta. Al tener una tarjeta que cubra el seguro de renta, siempre que pague el servicio con la tarjeta, no debo comprar la cobertura que ofrece la compañía de renta.

Al tener esta necesidad, en vez de solo visitar algun banco y pedir lo que pudieran ofrecerme, empecé a averiguar utilizando algunos recursos disponibles por internet (más sobre esto hacia el final de esta entrada). Lo que conseguí fue lo siguiente:

  • Casi todos los bancos e instituciones financieras ofrecen alguna tarjeta que cubran seguro de renta de vehículo.
  • Sin embargo, son pocas las alternativas que, al mismo tiempo, provean una tarjeta así “no-fee”. En la mayoría de los casos hay que pagar cuotas anuales de entre $50 y $120.
  • Al final, terminé consiguiendo 3 tarjetas que tuvieran el beneficio que deseo y que fueran “no-fee”.
  • Con esta información, me acerqué personalmente a estos bancos (uno de ellos es con quien manejo una cuenta corriente). Encontré que, a pesar que la historia de crédito es universal, ellos también valoran la historia que tengas con la institución: en uno de los casos, tienen una especie de puntaje interno (según me dijo el asesor).

Considerando toda esta información, la alternativa ideal era tomar la tarjeta que ofrecía mi banco actual. Ustedes seguro esperarán que, al conocer todo esto, el proceso debería ser relativamente sencillo. Sin embargo, los asesores bancarios muchas veces actúan más como vendedores que como consejeros; me encontré que, a pesar de saber exactamente lo que quería, el asesor estaba tratando de venderme lo siguiente:

  • Otra tarjeta que ofrece el beneficio que busco y que además cubre otras cosas, pero viene con una cuota anual de $99 (y esto es una tarifa especial! En la página del banco dicen que pueden aumentar la tarifa en años futuros. El discurso sobre los otros beneficios fue particularmente largo y tedioso. También el asesor se equivocó “sin intención” y creó la aplicación para la tarjeta de $99 en lugar de la gratuita: me di cuenta cuando estaba a punto de firmar la solicitud y tuvimos que empezar de nuevo con la aplicación.
  • Seguro para el balance de la tarjeta, que paga lo que debo si pierdo el trabajo, muero u otras circunstancias. Sin embargo, este seguro se paga como un porcentaje del balance aunque el mismo se pague completamente cada mes. Hay otros seguros menos exóticos que pueden utilizarse para eventualidades de este tipo.
  • Un límite de crédito muy superior al que necesito. Si bien esto no me cuesta dinero directamente, sería muy inconveniente que la tarjeta fuera cargada por error o intencionalmente por una cantidad alta. Además, el banco espera que, al tener un balance alto, se haga más difícil pagar el saldo completo y que por ello deba pagar intereses.

Al final terminé solicitando la tarjeta exactamente como la deseaba, pero tuve que esquivar muchos obstáculos. Los aprendizajes que obtuve fueron:

  • Es extremadamente importante averiguar cuales son las opciones que nos proveen los mejores beneficios a nosotros, no a los bancos, para así tomar la mejor decisión. En mi caso, me tomé 2 meses para averiguar las mejores opciones.
  • Aún más importante es leer los papeles y las letras pequeñas (fine-print). Una vez que se firman los papeles, es mucho más difícil, o a veces imposible, levantar quejas y reclamos.
  • A pesar de los discursos de venta agresivos, debemos mantener nuestra posición original, a menos que nos ofrezcan algo que de verdad esté en nuestro beneficio. La única manera de saber esto es teniendo la información de antemano. Si no se tiene este contexto, nunca está de más decirles “I’ll call you back” (te llamo luego).

Finalmente, como mencioné más arriba, algunos recursos que pueden ayudar a seleccionar la mejor tarjeta de crédito para nuestras necesidades son:

¿Qué experiencias has tenido al solicitar tarjetas de crédito? ¿Tienes una tarjeta que te provea beneficios que deseas?

¿Has solicitado algún producto financiero para luego darte cuenta que no te dijeron “toda la verdad”?

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Tarjeta de Crédito vs. Tarjeta de Débito vs. Efectivo – ¿Qué conviene más?

Esta suele ser una pregunta frecuente: ¿Si puedo elegir pagar con tarjeta de crédito, tarjeta de débito o efectivo, cuál me conviene más? La respuesta es… depende.

Hay una serie de preguntas que podríamos hacernos para entender cual medio de pago nos conviene más usar, como:

  • ¿Llevo un estilo de vida frugal?
  • ¿Suelo preparar una lista (aunque sea mental) cuando salgo de compras?
  • Aun cuando compro algunas cosas con impulso, ¿Estas representan una proporción pequeña del total?
  • Para hacer compras mayores (TV, etc.), ¿Investigo precios y comercios antes de comprar?
  • ¿Conozco la tasa de interés que pago con mi tarjeta de crédito?
  • ¿Conozco, con un margen de error del 20%, el saldo que tengo en mi tarjeta de crédito?
  • ¿Suelo pagar la tarjeta de crédito por completo cada mes?
  • ¿Me gusta o me interesa llevar un control de los gastos que voy haciendo?

En mi opinión, si 6 o más respuestas son “Sí”, las tarjetas de crédito pueden ser la mejor alternativa, en particular si no tienen una cuota de mantenimiento anual. Si 5 o menos respuestas son “Sí”, es posible que las mejores alternativas sean tarjetas de débito y efectivo.

Si bien tanto tarjetas de débito como efectivo tienen un efecto similar a la hora de comprar (desaparecen inmediatamente de nuestro bolsillo o cuenta), hay personas que aun pueden fallar en calcular, o llevar la cuenta, de los consumos que hacen con débito, ya que al no desaparecer el dinero del bolsillo, puede pensarse que siempre estará allí.

Para quienes respondieron “No” a la mayoría de las preguntas de arriba, el efectivo podría ser la mejor opción. Si tenemos un salario o ingreso regular, se debería sacar una cantidad fija al mes (que nunca sobrepase el total del ingreso), e irla administrando durante el mes sin acceder de nuevo a la cuenta. Para las personas en este grupo, ver el dinero desaparecer poco a poco, de manera visual, es el mejor recordatorio para administrarse.

Habiendo dicho esto, muy pocos deberíamos usar un único medio de pago, por varias razones:

  • Si no usamos la tarjeta de crédito, es más difícil construir un historial de crédito.
  • Sin tarjeta de crédito es casi imposible rentar un carro o comprar por internet.
  • El efectivo puede ser útil en emergencias y en algunos comercios.

Y tú, ¿Respondiste en su mayoría “Sí” o “No” a las preguntas de arriba? ¿Cuál es tu método preferido de pago y por qué?

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El poder del interés compuesto – El lado bueno y el malo

En la vasta mayoría del sistema financiero mundial, y Norteamérica no es la excepción, cuando se habla de “interés” se trata de interés compuesto, no interés simple. La diferencia es muy sencilla: con interés simple, el capital (o deuda) inicial, sobre la cual se calculan los intereses, si no se toca, siempre será el mismo; mientras tanto, con interés compuesto, el interés acumulado se va incorporando al capital o deuda inicial.

La manera más fácil de ver esto es a través de un ejemplo: supongamos que tenemos un capital o deuda inicial de $1,000 sujeto a un interés de 7% (a menos que se mencione abiertamente, siempre asumiremos que la tasa de interés es anualizada). En el gráfico puede verse que, después de 25 años, la diferencia entre ambos sistemas de cálculo es casi el doble. Con interés compuesto, el capital o deuda inicial de $1000 se ha convertido en casi $5,500.

Este tipo de crecimiento exponencial es más fácil de ver (y sentir) en las deudas que en las inversiones, porque las primeras tienen tasas de interés más altas, lo que hace que las deudas crezcan rápidamente, en particular con tarjetas de crédito. Según esta calculadora, y tomando el mismo ejemplo anterior, con una deuda inicial de $1,000 en una tarjeta de crédito que carga 20% de interés y que ofrece un pago mínimo de $20, la deuda terminaría cancelándose al cabo de 16 años y 2 meses y el total pagado sería de 3,126.33, más de tres veces la deuda inicial.

Afortunadamente, no estamos condenados a vivir solo con el lado malo del interés compuesto. Si pagamos nuestras tarjetas de crédito completamente al final de cada ciclo, y usamos los intereses que ahorramos para invertirlos, pondríamos el interés compuesto 100% a nuestro favor.

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