Archivo de la etiqueta: Interés compuesto

El poder del interés compuesto – Parte II

Interes simple vs compuesto

El interés compuesto es una fuerza poderosa. Se dice que Einstein alguna vez dijo que “el interés compuesto es la fuerza más poderosa del Universo”. Aunque se duda que Einstein haya dicho esto literalmente, el punto es que el interés compuesto importa, y mucho.

En una entrada previa habíamos comentado sobre las diferencias entre el interés simple y compuesto. La entrada de hoy es corta, gracias a un ejemplo super ilustrativo.

Vamos a suponer que puedes ahorrar $5,000 al año y que hay dos formas de invertir a través del tiempo:

  • Invertir por 10 años, empezando a los 25 años y terminando a los 35.
  • Invertir por 30 años, empezando a los 35 años y terminando a los 65.

Para efectos del ejemplo, vamos a asumir que el rendimiento es de 7% anual, y lo que deseas obtener es la cantidad que tendrías al momento de retirarte a los 65 años.

¿En cuál escenario entrarías a tu jubilación con más dinero? Trata de pensar en tu respuesta antes de ver los resultados abajo.

(…Redobles…)

A menos que tengas una calculadora a la mano (o eres un genio), es difícil conocer la respuesta, particularmente porque los resultados son cercanos:

  • Invertir por 10 años, empezando a los 25 años y terminando a los 35 – $602,100 a los 65 años
  • Invertir por 30 años, empezando a los 35 años y terminando a los 65 – $540,000 a los 65 años

Impresionante, ¿Verdad? Con solo invertir temprano en tu vida por 10 años, el interés compuesto hace que tu dinero crezca más que al ahorrar por 3 veces más tiempo pero más tarde. Esto se debe a que el interés compuesto hace crecer las inversiones en forma exponencial – al comienzo los incrementos son suaves, pero con el tiempo crecen como una bola de nieve.

Por supuesto, lo que aplica para las inversiones también aplica para las deudas. Y dado que las tasas de interés en tarjetas de crédito son más altas que el 7% de ganancias que asumimos en el ejemplo, la bola de nieve deudora puede ser mucho más peligrosa.

En caso que te interese, si te hubieras mantenido invirtiendo $5,000 anuales desde los 25 hasta los 65 años, tendrías $1,100,000 al momento de retirarte – alrededor del doble que tendrías si empezaras a los 35 años.

¿Acertaste la respuesta del ejemplo? ¿En cualquier caso, te asombra el impacto que tiene empezar a ahorrar e invertir temprano?

Anuncios

Comentarios desactivados en El poder del interés compuesto – Parte II

Archivado bajo Inversiones

¿Quién deberia pagar la educacion superior de mis hij@s, ellos o yo?

Imagen tomada de: http://topcollegesonline.org/student-debt/

Muchas de las discusiones importantes que captan las noticias en los últimos años tienen que ver con el impacto que estamos dejando en las generaciones futuras. Desde iniciativas para reducir el impacto ambiental, pasando por las proyecciones de la deuda en Europa y Estados Unidos (las cuales no se ven favorables independientemente de quien sea elegido presidente en Noviembre), y llegando al envejecimiento de la población en países desarrollados, todos estos temas tienen algo en común: las decisiones que se tomen en los próximos años tendrán un gran impacto en las décadas que siguen.

Sin ir muy lejos, una decisión mucho más terrenal en nuestras vidas que afectará la de nuestros hij@s tiene que ver con los costos de la educación superior. Si bien la educación primaria y secundaria es pública en Norte América, la educación superior no lo es, y todos los pronósticos indican que los costos seguirán creciendo en el futuro y los gobiernos quizás sigan recortando los gastos que hacen en la misma.

Por discusiones que he tenido con otros inmigrantes latinoamericanos en Norte América, muchos de nosotros siguieron alguno de estos caminos al estudiar en nuestros países de origen:

  • Educación primaria y secundaria: nuestros padres pagaron por una escuela privada o se aseguraron de ingresarnos en una escuela pública muy buena (la educación pública promedio en Latinoamérica no es muy buena).
  • Educación superior: la universidad era pública y casi gratis (por ejemplo, UNAM en Mexico, UCV en Venezuela, UBA en Argentina), o nuestros padres cubrieron total o parcialmente estudios en instituciones privadas (y algunos tuvimos que trabajar mientras estudiábamos para hacer la diferencia).

Ahora que vivimos en países más desarrollados nos encontramos con un concepto casi inexistente en nuestros países: préstamos para estudiantes (Student Loans), y surge la pregunta: si bien no hay instituciones verdaderamente públicas como en Latinoamérica o Europa, ¿está bien dejar a nuestros hij@s correr con la responsabilidad exclusiva de cubrir sus estudios? Los puntos a continuación son varios factores a considerar:

Punto 1: ¿Puedo hacer uso de planes protegidos de impuestos (Plan 529/RESP)?

A diferencia de nuestros países de origen, en Norte América existen planes que reducen los impuestos a pagar siempre que el ingreso se dedique a propósitos educativos. En otras entradas hemos tocado ligeramente estos planes: en Estados Unidos son los Planes 529, mientras que en Canadá son los Registered Educational Savings Plans (RESP).  Para más información sobre estos planes, pueden ver los artículos de Wikipedia aquí y aquí, o pueden hacer una búsqueda en internet.

Punto 2: ¿Qué tanto me preocupa que mi hijo empiece su vida independiente con una gran deuda encima?

Según diversas fuentes, la deuda estudiantil no deja de crecer, tanto individualmente como a nivel macro, por una serie de razones (con el pico de desempleo en la crisis muchos decidieron regresar a la escuela pidiendo un préstamo, los costos para estudiar han ido en subida, etc.) En Estados Unidos, la deuda total se coloca actualmente en USD 914 billones, y en Canadá la deuda promedio es de $27,000.

Punto 3: ¿Cuánto falta para que mis hij@s asistan a educación superior?

Si bien nunca es tarde para empezar a ahorrar, el empezar temprano tiene muchas ventajas, debido al poder del interés compuesto. Asumiendo que contribuyas $1200 al año ($100/mes) por los 10 primeros años de vida de un niñ@ a un 4% de interés, cuando vaya a la escuela a los 18 años habrás acumulado alrededor de $19,700 (ignorando impuestos y gastos). Para lograr la misma cantidad si empiezas cuando el niñ@ tiene 10 años, recién acumularías $11,000, poco más de la mitad. Así, si en la edad temprana del niñ@ estás en capacidad de ahorrar un excedente, cada dólar que contribuyas tiene mucho más valor que uno que contribuyas 10 años después.

Punto 4: ¿Cuales son las implicaciones sociales?

En Latinoamérica, la norma cultural es que nos sentimos mejor cuando estamos rodeados de nuestra familia extendida. Para los padres con hij@s que empiezan su vida independiente, un gran deseo suele ser tener nietos. Sin embargo, la deuda estudiantil tiene varios efectos sociales: hace que los hij@s vuelvan a la casa si tienen que pagar deuda pero no trabajo, y retrasa la formación de nuevas familias que puedan ser independientes. Si nosotros llegamos a conocer a nuestros bisabuelos, es posible que las próximas generaciones no puedan. La deuda estudiantil no es la única razón de este fenómeno social, pero su efecto podría incrementarse en el futuro.

Punto 5: ¿Cuales son las implicaciones económicas?

La principal implicación económica de la deuda estudiantil es que retrasa a los jóvenes varios años para lograr metas que, en el pasado, eran comunes para recién graduados. El caso típico es la compra de una casa. Varios artículos han señalado recientemente como la deuda ha evitado que los jóvenes ingresen al mercado de bienes raíces.

Punto 6: Después de ahorrar para los estudios de mi hij@, ¿Me queda suficiente para ahorrar para mi retiro?

La mayoría de los expertos en el área están de acuerdo en que, si no existe suficiente ingreso para cubrir para los estudios de los hij@s y el retiro, éste último es la prioridad: de lo contrario, pasarías a depender de tus hij@s o el gobierno, o quizás no puedas retirarte. Sin embargo, esto no es excusa para no hallar formas de exprimir nuestro dinero, evitar gastos superfluos y así poder costear ambos planes de ahorro.

Veredicto: entre mis hij@s y yo, quien debe cubrir los gastos educativos es… ¡Depende de tus circunstancias!

No hay una respuesta única, pero los 6 puntos mencionados pueden darte una idea de los factores que debes considerar a la hora de tomar un camino. Lo único cierto es que, en la gran mayoría de los casos, la decisión está en manos de los padres: los niñ@s en edad escolar raramente tienen capacidad de ahorrar por si mismos lo suficiente para cubrir sus estudios superiores, lo cual deja enfrentadas 2 grandes posibilidades: ahorros por los padres o deudas para los hij@s.

Los políticos aún no deciden como vamos a disminuir el efecto invernadero o la deuda pública, pero la decisión de quien cubre los ahorros de la próxima generación está en nuestras manos, y si ya tienes hij@s y no has tomado la decisión aún, el cronómetro ya está en marcha…

Comentarios desactivados en ¿Quién deberia pagar la educacion superior de mis hij@s, ellos o yo?

Archivado bajo Bienes Raíces, Canada, Educación, Estados Unidos, Impuestos, Retiro

Solicitar una tarjeta de crédito – Lo bueno, lo malo y lo feo

Seguramente ya habrán escuchado que no es bueno tener muchas tarjetas de crédito: las deudas se pueden acumular rápidamente debido a las altas tasas de interés, el puntaje de crédito tiende a bajar, etc, etc. Sin embargo, recientemente me vi en la “necesidad” de solicitar una nueva tarjeta de crédito.

Para serles sincero, esta “necesidad” no es de vida o muerte. Actualmente tengo una tarjeta de crédito de tipo “no-fee”, que no tiene una cuota de mantenimiento anual y devuelve una pequeña cantidad del dinero gastado (cash-back). Sin embargo, el límite de crédito es muy bajo y no ofrece otros beneficios.

En particular, yo estoy interesado en una tarjeta que ofrezca un beneficio particular: seguro de renta de vehículo (car rental insurance). ¿Por qué? Pues yo no tengo un vehículo, pero rento con cierta frecuencia para necesidades puntuales (transportar objetos grandes o pesados, salir de la ciudad, etc.) y cada vez que rento pago entre $15 y $20 en seguro de vehículo por día, más impuestos. A veces resulta tan costoso como la misma renta. Al tener una tarjeta que cubra el seguro de renta, siempre que pague el servicio con la tarjeta, no debo comprar la cobertura que ofrece la compañía de renta.

Al tener esta necesidad, en vez de solo visitar algun banco y pedir lo que pudieran ofrecerme, empecé a averiguar utilizando algunos recursos disponibles por internet (más sobre esto hacia el final de esta entrada). Lo que conseguí fue lo siguiente:

  • Casi todos los bancos e instituciones financieras ofrecen alguna tarjeta que cubran seguro de renta de vehículo.
  • Sin embargo, son pocas las alternativas que, al mismo tiempo, provean una tarjeta así “no-fee”. En la mayoría de los casos hay que pagar cuotas anuales de entre $50 y $120.
  • Al final, terminé consiguiendo 3 tarjetas que tuvieran el beneficio que deseo y que fueran “no-fee”.
  • Con esta información, me acerqué personalmente a estos bancos (uno de ellos es con quien manejo una cuenta corriente). Encontré que, a pesar que la historia de crédito es universal, ellos también valoran la historia que tengas con la institución: en uno de los casos, tienen una especie de puntaje interno (según me dijo el asesor).

Considerando toda esta información, la alternativa ideal era tomar la tarjeta que ofrecía mi banco actual. Ustedes seguro esperarán que, al conocer todo esto, el proceso debería ser relativamente sencillo. Sin embargo, los asesores bancarios muchas veces actúan más como vendedores que como consejeros; me encontré que, a pesar de saber exactamente lo que quería, el asesor estaba tratando de venderme lo siguiente:

  • Otra tarjeta que ofrece el beneficio que busco y que además cubre otras cosas, pero viene con una cuota anual de $99 (y esto es una tarifa especial! En la página del banco dicen que pueden aumentar la tarifa en años futuros. El discurso sobre los otros beneficios fue particularmente largo y tedioso. También el asesor se equivocó “sin intención” y creó la aplicación para la tarjeta de $99 en lugar de la gratuita: me di cuenta cuando estaba a punto de firmar la solicitud y tuvimos que empezar de nuevo con la aplicación.
  • Seguro para el balance de la tarjeta, que paga lo que debo si pierdo el trabajo, muero u otras circunstancias. Sin embargo, este seguro se paga como un porcentaje del balance aunque el mismo se pague completamente cada mes. Hay otros seguros menos exóticos que pueden utilizarse para eventualidades de este tipo.
  • Un límite de crédito muy superior al que necesito. Si bien esto no me cuesta dinero directamente, sería muy inconveniente que la tarjeta fuera cargada por error o intencionalmente por una cantidad alta. Además, el banco espera que, al tener un balance alto, se haga más difícil pagar el saldo completo y que por ello deba pagar intereses.

Al final terminé solicitando la tarjeta exactamente como la deseaba, pero tuve que esquivar muchos obstáculos. Los aprendizajes que obtuve fueron:

  • Es extremadamente importante averiguar cuales son las opciones que nos proveen los mejores beneficios a nosotros, no a los bancos, para así tomar la mejor decisión. En mi caso, me tomé 2 meses para averiguar las mejores opciones.
  • Aún más importante es leer los papeles y las letras pequeñas (fine-print). Una vez que se firman los papeles, es mucho más difícil, o a veces imposible, levantar quejas y reclamos.
  • A pesar de los discursos de venta agresivos, debemos mantener nuestra posición original, a menos que nos ofrezcan algo que de verdad esté en nuestro beneficio. La única manera de saber esto es teniendo la información de antemano. Si no se tiene este contexto, nunca está de más decirles “I’ll call you back” (te llamo luego).

Finalmente, como mencioné más arriba, algunos recursos que pueden ayudar a seleccionar la mejor tarjeta de crédito para nuestras necesidades son:

¿Qué experiencias has tenido al solicitar tarjetas de crédito? ¿Tienes una tarjeta que te provea beneficios que deseas?

¿Has solicitado algún producto financiero para luego darte cuenta que no te dijeron “toda la verdad”?

2 comentarios

Archivado bajo Canada, Crédito, Estados Unidos

El poder del interés compuesto – El lado bueno y el malo

En la vasta mayoría del sistema financiero mundial, y Norteamérica no es la excepción, cuando se habla de “interés” se trata de interés compuesto, no interés simple. La diferencia es muy sencilla: con interés simple, el capital (o deuda) inicial, sobre la cual se calculan los intereses, si no se toca, siempre será el mismo; mientras tanto, con interés compuesto, el interés acumulado se va incorporando al capital o deuda inicial.

La manera más fácil de ver esto es a través de un ejemplo: supongamos que tenemos un capital o deuda inicial de $1,000 sujeto a un interés de 7% (a menos que se mencione abiertamente, siempre asumiremos que la tasa de interés es anualizada). En el gráfico puede verse que, después de 25 años, la diferencia entre ambos sistemas de cálculo es casi el doble. Con interés compuesto, el capital o deuda inicial de $1000 se ha convertido en casi $5,500.

Este tipo de crecimiento exponencial es más fácil de ver (y sentir) en las deudas que en las inversiones, porque las primeras tienen tasas de interés más altas, lo que hace que las deudas crezcan rápidamente, en particular con tarjetas de crédito. Según esta calculadora, y tomando el mismo ejemplo anterior, con una deuda inicial de $1,000 en una tarjeta de crédito que carga 20% de interés y que ofrece un pago mínimo de $20, la deuda terminaría cancelándose al cabo de 16 años y 2 meses y el total pagado sería de 3,126.33, más de tres veces la deuda inicial.

Afortunadamente, no estamos condenados a vivir solo con el lado malo del interés compuesto. Si pagamos nuestras tarjetas de crédito completamente al final de cada ciclo, y usamos los intereses que ahorramos para invertirlos, pondríamos el interés compuesto 100% a nuestro favor.

7 comentarios

Archivado bajo Inversiones