Programas de fidelidad (Loyalty Cards) – ¿Valen la pena?

A todos nos gusta sentir que somos compradores inteligentes. Está en la naturaleza humana. Nuestros cerebros piensan de manera comparativa: si alguien gana, entonces alguien pierde, y si dejas de aprovechar una promoción, entonces también se siente como una pérdida.

Los programas de fidelidad (o Loyalty Cards, en inglés) se basan en este principio básico: hacernos sentir compradores inteligentes al decirnos que por cada compra que hacemos acumulamos puntos que podemos canjear por premios u otros productos.

Quizás estamos más familiarizados con los programas de viajero frecuente, donde acumulas millas o puntos de hotel, pero en estos días hay una variedad impresionante de programas de fidelidad.

Si bien no está de más tomar ventaja de estos programas, aquí está el detalle: si utilizas un Loyalty Card para hacer una compra que de cualquier forma pensabas hacer, entonces eres el perfecto comprador inteligente. Por el contrario, si usas el programa como una excusa para comprar algo que nunca se te había ocurrido previamente (porque viste una promoción), entonces quizás el programa no sea tan favorable.

Otros problemas fundamentales con los programas de fidelidad son:

  • Tú no controlas como ganar o gastar tus puntos: las reglas que determinan los puntos o millas que acumulas y cuanto valen pueden ser cambiados en cualquier momento, y de hecho son cambiados frecuentemente, y casi nunca a tu favor. En estos días recibí un email de la cadena Hilton informando que estaban cambiando las reglas para calificar a ciertas categorías Elite de su programa HHonnors. Tuve suerte: al menos me enviaron un email; en otros casos la gente se entera después del hecho.
  • Muchos programas de fidelidad deben su existencia a la necesidad, por parte de compañías que producen bienes y servicios, de entender el comportamiento de tus usuarios y usar la información para mejorar sus programas de mercadeo. Si bien muchos no tienen problema con eso, porque se traduce en promociones personalizadas, a otros les molesta que la información sobre su compras (y algunos datos demográficos) esté en manos de terceros.

No todo es malo, sin embargo. Este artículo señala como la tecnología detrás de las tarjetas de fidelidad han ayudado a identificar fraude de identidad. Por otro lado, en la actualidad hay sitios como Points.com que te permiten “consolidar” puntos que están repartidos en diferentes programas y que de otra forma no podrías utilizar si no tienes un mínimo de puntos, pero por supuesto tiene su “fine print” o letra pequeña y algunas comisiones según recuerdo.

En lo personal, yo tengo una montaña de tarjetas de fidelidad, la mayoría de las cuales están “agarrando polvo” en una gaveta. Eso no me hace sentir mal porque se que, siempre que necesite adquirir algo, puedo desempolvar alguna para acumular puntos pero sin caer en la tentación de comprar solo porque vi la tarjeta o una promoción.

¿Cómo usas tus tarjetas de fidelidad? ¿Que trucos conoces para sacarles el máximo provecho sin consumir en exceso?

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