Una lección de frugalidad inspirada en Ikea

OK, antes que lluevan las críticas, un poco de contexto para quienes no están familiarizados: Ikea es una empresa domiciliada en Suecia famosa por elaborar y vender muebles y otros artículos para el hogar con diseños sencillos y económicos. Con 332 en 38 países, es una de las cadenas más exitosas del mundo y, en caso que a alguien le interese, su fundador es uno de los hombres más ricos del mundo.

Quienes han visitado una tienda están familiarizado con la diferencia en el diseño de las tiendas: en lugar de tener pasillos, el diseño es en forma de laberinto o serpiente, donde el comprador empieza por la entrada y recorre de manera secuencial los diferentes departamentos (sala, comedor, baño, habitación, etc.) Este diseño de tiendas es mundialmente famoso por mantener a los compradores por más tiempo en las instalaciones, lo cual a su vez hace que muchos terminen saliendo de la tienda con más cosas de las que habían planeado comprar al entrar.

Por lo anterior, el título de esta entrada podría sonar extrañamente bizarro: ¿cómo se supone que Ikea puede inspirar una lección de frugalidad?

Así ocurrió: hace unas semanas visité el Ikea de mi ciudad para comprar algunos artículos que necesitaba en casa. Como en otras salidas donde anticipo estar varias horas fuera de casa, llevé una botella con agua para mantenerme hidratado. Al terminar, llegué a la salida de la tienda, un pequeño café donde ofrecen un menu limitado de perros calientes, bebidas, helado y otros comestibles, en el cual ya tenía visualizado comer un perro caliente al terminar mi jornada ya que los precios son económicos y hacía varias horas que no había comido. Este es un resumen de las opciones relacionadas a mis gustos y sus precios:

  • Un perro caliente – $0.75
  • Un refresco (refill gratis) – $1.00
  • Combo: un perro caliente + un refresco (refill gratis) – $1.50
  • Combo: dos perros calientes + un refresco (refill gratis) – $2.00

Como pueden ver, existe un incentivo importante para comprar combos: el combo sencillo permite ahorrar 25 centavos con respecto a los mismos bienes comprados por separado y el otro combo permite ahorrar 50 centavos.

Considerando las circunstancias que describí anteriormente: ¿qué creen que terminé escogiendo?

En realidad, me comí dos perros calientes, por un total de $1.50 (más impuesto)

Algunos pensarán: estás desperdiciando $0.50 sobre el costo de la bebida. Recordemos que el combo grande (2 perros + 1 bebida) cuesta $2 y la bebida individual $1. Si gasté $1.50 por dos perros, sólo debía invertir 50 centavos más para tener la bebida, que indivualmente cuesta $1.

En realidad, como lo veo, ahorré 50 centavos. ¿Por qué? Si recuerdan el contexto que mencioné arriba, yo no tenía sed porque llevé una botella con agua. Comprar la bebida era algo que “quería” pero no algo que “necesitaba” (o, como se dice en inglés, “want vs. need”).

Lo que ahorra depende siempre de un marco de referencia, y las opciones en este caso son dos:

  • Menor costo por unidad posible: en este escenario, el combo grande es lo más conveniente, porque es donde el precio por unidad de los 2 perros calientes y la bebida es más bajo. Este caso asume que no hay diferencia entre lo que “queremos” y lo que “necesitamos” y no hay un límite superior a lo que puede gastarse siempre que se optimize el costo por unidad.
  • Pensar frugalmente, empezar por lo que necesito: este escenario fue el que usé. Empiezo con lo que “necesito”(los perros calientes para satisfacer el hambre) y solo después es que veo lo que “quiero” (una bebida con un sabor más agradable que el agua traída desde casa).

Una forma diferente de ver el tema es como visualizamos el menú de opciones. Recordemos el menú que presenté arriba: este considera todas las opciones posibles que nos permiten estimar la que ofrece el menor costo por unidad:

  • Un perro caliente – $0.75
  • Un refresco (refill gratis) – $1.00
  • Combo: un perro caliente + un refresco (refill gratis) – $1.50
  • Combo: dos perros calientes + un refresco (refill gratis) – $2.00

En mi mente, sin embargo, las opciones eran:

  • Un perro caliente – $0.75
  • Combo: un perro caliente + un refresco (refill gratis) – $1.50
  • Combo: dos perros calientes + un refresco (refill gratis) – $2.00

Para mí nunca fue una opción comprar la bebida sola porque ya tenía agua conmigo. Por ello, nunca llegué a darme cuenta de que podría “ahorrar” 50 centavos a comprar el combo, porque la única forma de calcular ese ahorro es usar los costos por unidad (en realidad, sí me di cuenta de la diferencia – eso fue lo que inspiró esta entrada del blog).

Algunos quizás pensarán que es un extremismo por este razonamiento para ahorrar 50 centavos. Pero la realidad es que cuando aplicamos esta filosofía frugal en decisiones pequeñas podemos dar casi por descontado que la aplicaremos en aquellas ocasiones cuando los costos son 1000 veces mayores. Vean el siguiente ejemplo de una publicidad hipotética:

El automóvil XXX año 2013 viene con una oferta única: ahorre $500 al comprar el auto con rines cromados.

Si los comprara por separado, el auto le costaría $15,000 y los rines $1,000.

Sólo por esta semana, puede tener ambos por $15,500

Si aplicamos el razonamiento de “menor costo por unidad”, la solución lógica es tomar la oferta. Sin embargo, para la gran mayoría de nosotros, tener rines cromados es más un gusto que una necesidad, y este caso el gusto tiene un costo de $500.

Me gustaría escuchar que lo que uds. piensan: ¿Qué haces tu para juzgar lo que quieres vs. lo que necesitas? ¿Consideras extremo pensar de esta forma cuando los costos son tan pequeños?

3 comentarios

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3 Respuestas a “Una lección de frugalidad inspirada en Ikea

  1. Mario

    Estoy totalmente de acuerdo con tigo el mercado esta hecho ppara el consumismo y siempre nos vamos a encontrar coon este tipo de cosas, pero si usamos ese principio de conprar solo lo que necesitamos estaremos ahorrando de manera segura, pero tambien aveses podemos darnos esos gusticos no necesariamente tenemos que ser siempre asi todo esta en saber equilibrar las cosas

    • Tienes razón Mario, siempre podemos (y de vez en cuando, debemos) darnos nuestros gustos. Quizás el punto que traté de enfatizar es que, cuando nos demos nuestros gustos, es importante que estemos 100% conscientes de que lo estamos haciendo porque queremos mas que porque necesitamos, y eventualmente, dependiendo de nuestro presupuesto, habrá que balancear y escoger cuales de todos los gustos queremos darnos. Gracias por tu comentario tan acertado!

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