Los Canadienses sucumben a las compras impulsivas

Si vives en Norte América, haz un intento de estimar cuanto gastas al año en todas esas cosas con las que volviste a casa que no pensabas en comprar cuando saliste por la mañana; es decir, lo que se llaman “compras impulsivas”. ¿Cuánto crees que daría la suma? $500, quizás $1000? Piénsalo de nuevo.

En realidad, la cantidad promedio que los canadienses gastan impulsivamente al año es un astronómico $3,720! Esto es el resultado de un estudio del Banco de Montreal, que también afirma que muchos canadienses compran impulsivamente para mejorar su ánimo, pero la mitad se arrepienten de sus actos.

Algunos detalles que vale la pena destacar son:

  • 55% de la gente hace las compras impulsivas porque el producto está en promoción
  • 42% compra cosas que no necesita
  • 43% puede gastar más en un mes de lo que gana, y casi un tercio se ha endeudado para pagar los impulsos
  • Los bienes impulsivos preferidos son ropa, restaurantes, entretenimiento y calzados
  • Estos comportamientos son más prevalentes en gente jóven

El detalle que más me sorpredió es el siguiente: los hombres gastan más de el doble que las mujeres, y las mujeres pagan menos por un mismo bien. Los productos preferidos de los hombres son electrónicos.

Si bien el estudio fue ejecutado en Canadá, tengo la impresión que los resultados no serían muy diferentes en Estados Unidos, dado que en ambos países prevalecen culturas basadas en el consumo.

¿Qué podemos hacer para evitar la comprar impulsivas, en particular cuando las hacemos con tarjetas de crédito?

Seguramente existen varias formas de prevenirlas, pero ninguna será efectiva si no combatimos el comportamiento básico: dejar que nuestras emociones, y no la razón, se sienten en el asiento del conductor. Si bien hay bienes y servicios que apelan a nuestras emociones (piensa en aquel restaurante romántico o exótico que visitas cada vez que puedes), el problema ocurre cuando el sentimiento alarga la mano hasta el bolsillo.

Así, a pesar de lo que dice el dicho, “sin pensarlo dos veces”, la forma más fácil de evitar caer en compras impulsivas es pensarlo dos, tres o más veces. David Chilton comentó en The Wealthy Barber Returns (El Barbero Rico Vuelve) sobre un recurso extremo usado por una persona para reducir los impulsos: congelar la tarjeta de crédito! Cuando esta persona quiere comprar algo con toda su energía, pone a descongelar la tarjeta, y si aún desea gastar para el momento en que se descongeló, ya por lo menos ha tenido varias horas para pensarlo. Seguramente hay maneras más ortodoxas de evitar los impulsos, pero seguro agarraste la moraleja.

¿Te sientes víctima de tus emociones al comprar cosas por impulso? ¿Qué trucos usas para reducir los mismos?

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