Solicitar una tarjeta de crédito – Lo bueno, lo malo y lo feo

Seguramente ya habrán escuchado que no es bueno tener muchas tarjetas de crédito: las deudas se pueden acumular rápidamente debido a las altas tasas de interés, el puntaje de crédito tiende a bajar, etc, etc. Sin embargo, recientemente me vi en la “necesidad” de solicitar una nueva tarjeta de crédito.

Para serles sincero, esta “necesidad” no es de vida o muerte. Actualmente tengo una tarjeta de crédito de tipo “no-fee”, que no tiene una cuota de mantenimiento anual y devuelve una pequeña cantidad del dinero gastado (cash-back). Sin embargo, el límite de crédito es muy bajo y no ofrece otros beneficios.

En particular, yo estoy interesado en una tarjeta que ofrezca un beneficio particular: seguro de renta de vehículo (car rental insurance). ¿Por qué? Pues yo no tengo un vehículo, pero rento con cierta frecuencia para necesidades puntuales (transportar objetos grandes o pesados, salir de la ciudad, etc.) y cada vez que rento pago entre $15 y $20 en seguro de vehículo por día, más impuestos. A veces resulta tan costoso como la misma renta. Al tener una tarjeta que cubra el seguro de renta, siempre que pague el servicio con la tarjeta, no debo comprar la cobertura que ofrece la compañía de renta.

Al tener esta necesidad, en vez de solo visitar algun banco y pedir lo que pudieran ofrecerme, empecé a averiguar utilizando algunos recursos disponibles por internet (más sobre esto hacia el final de esta entrada). Lo que conseguí fue lo siguiente:

  • Casi todos los bancos e instituciones financieras ofrecen alguna tarjeta que cubran seguro de renta de vehículo.
  • Sin embargo, son pocas las alternativas que, al mismo tiempo, provean una tarjeta así “no-fee”. En la mayoría de los casos hay que pagar cuotas anuales de entre $50 y $120.
  • Al final, terminé consiguiendo 3 tarjetas que tuvieran el beneficio que deseo y que fueran “no-fee”.
  • Con esta información, me acerqué personalmente a estos bancos (uno de ellos es con quien manejo una cuenta corriente). Encontré que, a pesar que la historia de crédito es universal, ellos también valoran la historia que tengas con la institución: en uno de los casos, tienen una especie de puntaje interno (según me dijo el asesor).

Considerando toda esta información, la alternativa ideal era tomar la tarjeta que ofrecía mi banco actual. Ustedes seguro esperarán que, al conocer todo esto, el proceso debería ser relativamente sencillo. Sin embargo, los asesores bancarios muchas veces actúan más como vendedores que como consejeros; me encontré que, a pesar de saber exactamente lo que quería, el asesor estaba tratando de venderme lo siguiente:

  • Otra tarjeta que ofrece el beneficio que busco y que además cubre otras cosas, pero viene con una cuota anual de $99 (y esto es una tarifa especial! En la página del banco dicen que pueden aumentar la tarifa en años futuros. El discurso sobre los otros beneficios fue particularmente largo y tedioso. También el asesor se equivocó “sin intención” y creó la aplicación para la tarjeta de $99 en lugar de la gratuita: me di cuenta cuando estaba a punto de firmar la solicitud y tuvimos que empezar de nuevo con la aplicación.
  • Seguro para el balance de la tarjeta, que paga lo que debo si pierdo el trabajo, muero u otras circunstancias. Sin embargo, este seguro se paga como un porcentaje del balance aunque el mismo se pague completamente cada mes. Hay otros seguros menos exóticos que pueden utilizarse para eventualidades de este tipo.
  • Un límite de crédito muy superior al que necesito. Si bien esto no me cuesta dinero directamente, sería muy inconveniente que la tarjeta fuera cargada por error o intencionalmente por una cantidad alta. Además, el banco espera que, al tener un balance alto, se haga más difícil pagar el saldo completo y que por ello deba pagar intereses.

Al final terminé solicitando la tarjeta exactamente como la deseaba, pero tuve que esquivar muchos obstáculos. Los aprendizajes que obtuve fueron:

  • Es extremadamente importante averiguar cuales son las opciones que nos proveen los mejores beneficios a nosotros, no a los bancos, para así tomar la mejor decisión. En mi caso, me tomé 2 meses para averiguar las mejores opciones.
  • Aún más importante es leer los papeles y las letras pequeñas (fine-print). Una vez que se firman los papeles, es mucho más difícil, o a veces imposible, levantar quejas y reclamos.
  • A pesar de los discursos de venta agresivos, debemos mantener nuestra posición original, a menos que nos ofrezcan algo que de verdad esté en nuestro beneficio. La única manera de saber esto es teniendo la información de antemano. Si no se tiene este contexto, nunca está de más decirles “I’ll call you back” (te llamo luego).

Finalmente, como mencioné más arriba, algunos recursos que pueden ayudar a seleccionar la mejor tarjeta de crédito para nuestras necesidades son:

¿Qué experiencias has tenido al solicitar tarjetas de crédito? ¿Tienes una tarjeta que te provea beneficios que deseas?

¿Has solicitado algún producto financiero para luego darte cuenta que no te dijeron “toda la verdad”?

2 comentarios

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2 Respuestas a “Solicitar una tarjeta de crédito – Lo bueno, lo malo y lo feo

  1. Angie

    Hola!
    esta entrada me ha sido muy útil.
    Hay que prestar mucho cuidado con las “equivocaciones” de los asesores, pues podemos firmar y recibir lo que no necesitamos. Además nos puede salir caro!
    Saludos!

    • Gracias por tu comentario Angie!
      El problema con las equivocaciones financieras de este tipo es que raramente, o nunca, somos nosotros quienes nos vemos favorecidos de las mismas. Generalmente nosotros debemos pagar por las mismas, así tengamos la culpa o no. No es justo, pero así es el sistema.