Archivo mensual: enero 2012

El poder del interés compuesto – El lado bueno y el malo

En la vasta mayoría del sistema financiero mundial, y Norteamérica no es la excepción, cuando se habla de “interés” se trata de interés compuesto, no interés simple. La diferencia es muy sencilla: con interés simple, el capital (o deuda) inicial, sobre la cual se calculan los intereses, si no se toca, siempre será el mismo; mientras tanto, con interés compuesto, el interés acumulado se va incorporando al capital o deuda inicial.

La manera más fácil de ver esto es a través de un ejemplo: supongamos que tenemos un capital o deuda inicial de $1,000 sujeto a un interés de 7% (a menos que se mencione abiertamente, siempre asumiremos que la tasa de interés es anualizada). En el gráfico puede verse que, después de 25 años, la diferencia entre ambos sistemas de cálculo es casi el doble. Con interés compuesto, el capital o deuda inicial de $1000 se ha convertido en casi $5,500.

Este tipo de crecimiento exponencial es más fácil de ver (y sentir) en las deudas que en las inversiones, porque las primeras tienen tasas de interés más altas, lo que hace que las deudas crezcan rápidamente, en particular con tarjetas de crédito. Según esta calculadora, y tomando el mismo ejemplo anterior, con una deuda inicial de $1,000 en una tarjeta de crédito que carga 20% de interés y que ofrece un pago mínimo de $20, la deuda terminaría cancelándose al cabo de 16 años y 2 meses y el total pagado sería de 3,126.33, más de tres veces la deuda inicial.

Afortunadamente, no estamos condenados a vivir solo con el lado malo del interés compuesto. Si pagamos nuestras tarjetas de crédito completamente al final de cada ciclo, y usamos los intereses que ahorramos para invertirlos, pondríamos el interés compuesto 100% a nuestro favor.

Anuncios

7 comentarios

Archivado bajo Inversiones

La importancia de tener un fondo de emergencia

Los Latinoamericanos estamos acostumbrados a la inestabilidad característica de nuestros países, donde las crisis son estructurales (vienen dadas por la forma y la cultura en que operan las instituciones) más que coyunturales (vienen dadas por eventos específicos). Este modo de vida y el menor acceso al crédito limitan la posibilidad, en muchos casos, de excedernos financieramente.

Sin embargo, al venir a Norteamérica, donde las crisis históricamente han sido coyunturales y el acceso al crédito es impresionante, podemos fácilmente caer en la tentación de la cultura de consumo, haciéndonos la idea de que, al ser las oportunidades de progreso más amplias que en nuestros países, siempre hallaremos la forma de saldar nuestras deudas. Como nos hemos dado cuenta en la crisis actual, eso puede ser más fácil decir que hacer, por lo cual siempre debemos contar con un fondo de emergencia.

¿Por qué tener un fondo de emergencia? Solo basta hacernos las siguiente pregunta: ¿Qué pasaría mañana si:

  • … me quedo sin trabajo?
  • … tengo que hacer una inversión mayor no planificada (un carro, reparaciones en casa)?
  • … alguien cercano, familiar o amigo, tiene un problema de salud importante?

En futuras entradas hablaremos de los tipos de seguro para cubrir diferentes necesidades (vida, discapacidad, etc.) Sin embargo, los seguros a veces no cubren eventos como los mencionados arriba, o los seguros pueden ser muy costosos en relación al beneficio que ofrecen.

¿Qué pasaría si no tuviera un fondo de emergencia? Muchos han pasado por eso. En general, se termina accediendo a crédito de consumo, como tarjetas de crédito, las cuales cargan intereses exorbitantes; lo peor es que las cantidades que se necesitan en emergencias son grandes y difíciles de pagar en el corto plazo. Otras veces hay que vender o empeñar algun bien valioso, pero por la premura se termina recibiendo menos que el valor justo.

¿Cuánto debe haber en el fondo de emergencia? Ni los expertos no se han puesto de acuerdo, pero la opinión general ronda entre 3 y 6 meses de gastos. Es decir, si la suma de los gastos mensuales es $3,000, entonces el fondo podría tener entre $9,000 y $18,000. Esta cantidad podría incluso durar más, porque se supone que en una situación de emergencia deberíamos cortar los gastos no necesarios (lo cual puede ser relativamente sencillo).

¿Dónde guardar el fondo de emergencia? Nuestros abuelos lo guardaban debajo del colchón, pero actualmente hay alternativas mas convenientes, con un factor común: liquidez inmediata. Lo más recomendable es:

  • Cuentas de ahorro regulares
  • Cuentas de ahorro de alto interés (High Interest Savings Accounts)
  • Cuentas/Fondos Money Market (el banco devuelve una tasa variable pero bastante estable)

Se debe evitar invertir el fondo en acciones u otros activos que sean volátiles (que cambien de precio muy rápido) o que bloqueen el dinero por un tiempo (como certificados de depósito, CDs en EEUU, GICs en Canadá).

¿Qué otras cosas puedo hacer para maximizar el rendimiento del dinero en el fondo de emergencia? Dos opciones son:

  • Evitar incurrir en comisiones y cargos con la instutición financiera donde mantenemos el fondo.
  • Utilizar un vehículo protegido de impuestos. En Canadá, los Tax Free Savings Accounts (cuentas de ahorro libres de impuesto, o TFSA) son un vehículo ideal, pues el rendimiento es libre de impuesto y los fondos son accesibles en cualquier momento, con algunas restricciones. En una futura entrada comentaremos sobre los TFSA en profundidad.

Y tú, ¿Tienes un fondo de emergencia? ¿Dónde lo tienes? ¿Has tenido que usarlo?

5 comentarios

Archivado bajo Varios

Poniendo los huevos en varias canastas – La importancia de diversificar

Cuando nuestros ancestros deseaban preservar el fruto monetario de su trabajo, no sólo lo guardaban, sino que lo guardaban en varios lugares. Si bien el dicho popular habla de guardar el dinero “debajo del colchón”, hay otra expresión que probablemente prevalecía: “nunca pongas todos tus huevos en la misma canasta”.

Ahora hacemos un salto a Norteamérica en el siglo XXI, y encontramos que, a pesar de lo mucho que ha cambiado el mundo financiero, éste último principio se mantiene como la columna vertebral de los principios de ahorro e inversión personales. Factores que nos afectan a todos incluyen:

  • Si solo guardamos el dinero en casa, la misma podría verse afectada por un robo o desastre natural. Adicionalmente, el dinero “debajo del colchón” va perdiendo poder de comprar con el tiempo debido a la inflación.
  • Si solo tenemos ahorros en un banco, dicho banco podría ir a la quiebra, haciendo difícil o imposible recuperar el dinero (por ejemplo, muchos de los depósitos bancarios en EEUU y Canadá están garantizados hasta $100,000).
  • Si todo lo tenemos invertido en nuestra casa, un desastre natural podría afectarlo, o la pérdida de trabajo podría evitar que sigamos pagando la hipoteca.
  • Si solo invertimos en acciones, y el mercado entra en un ciclo recesivo (bear market), podríamos perder dinero si tenemos que venderlas.
  • Si invertimos en bonos de deuda, el gobierno o entidad que los emita puede enfrentar insolvencia y ser incapaz de pagar sus obligaciones (esto es lo que sucede con Grecia).
  • Si todo nuestro dinero está colocado en una sola moneda, la misma podría devaluarse frente a otras monedas. Esto es particularmente importante para los inmigrantes que aun tenemos nexos económicos con nuestros países de origen.

Al diversificar nuestra canasta de huevos construimos lo que se llama un “portafolio de inversión”. Aunque puede sonar como un término rimbombante, es un concepto muy sencillo; algunos tips para empezar a construir nuestro portafolio diversificado son:

  • Mantener cuentas bancarias en 2, o quizás 3, entidades. Aunque tengamos menos que la cantidad asegurada por el gobierno, el proceso de recibir el dinero de vuelta puede tomar tiempo, y nuestras obligaciones (bills) deberán seguirse pagando en el interín.
  • No invertir absolutamente todo lo que tenemos en un inmueble (real estate), bien sea a través de la inicial (downpayment) o las cuotas de la hipoteca (mortgage).
  • No seguir los consejos del mercado sobre invertir todo lo que tenemos en acciones de la compañía XYZ que está “super hot”. De hecho, no deberíamos nunca invertir en algo que no conocemos.
  • Mantener un balance de los fondos que tengamos en el mercado bursátil (bolsa de valores), invirtiendo en vehículos diferentes como acciones, bonos u otros. Los fondos mutuales pueden ser una buena alternativa, y los discutiremos en otra entrada.
  • Si mantenemos un flujo de dinero frecuente con nuestros países de origen, podría ser aconsejable dejar una pequeña parte de nuestros fondos allá. En el período 2009-2011, muchas monedas latinoamericanas se apreciaron frente al Dólar Americano (USD), lo cual hace que las remesas que enviamos rindan menos.

En otras entradas discutiré maneras más específicas para disfrutar los frutos de la diversificación (como invertir de acuerdo a la edad, o Life Cycle Investing); pero la base seguirá siendo lo que hicieron nuestros ancestros: “nunca poner todos los huevos en la misma canasta”.

¿De qué manera diversificas tu dinero? ¿Conoces algún otro tip que pueda ser útil para los latinoamericanos?

2 comentarios

Archivado bajo Inversiones

Maneras sencillas de ahorrar dinero – Parte I

Cuando se tiene la intención de llevar un estilo de vida frugal, al comienzo mucha gente puede preguntarse de que formas se puede ahorrar dinero cuando pareciera que apenas podemos lidiar con los pagos que tenemos por vencer. La clave, como comenté en un post anterior, es primero darse cuenta cuales son las cosas que de verdad necesitamos vs. las que queremos (wants vs. needs).

Algo que ayuda mucho a decidir con que acciones empezamos a reducir gastos es visualizar los ahorros y, si es posible, llevar cuenta de ellos. Por ejemplo, llevar la comida al trabajo todos los días podría ahorrarnos $2,500 al año!

Algunas maneras sencillas pero significativas en las cuales podemos reducir algunos gastos son:

  • Llevar la comida al trabajo (Brown Bagging): suponiendo que el almuerzo cueste $10 y unos 250 días laborales al año, si lleváramos la comida al trabajo todos los días ahorraríamos $2,500 en el año. Claramente parte se reinvierte en comprar comida, pero eso siempre resulta más barato que comer afuera: después de todo, la comida es una industria lucrativa.
  • Evitar o cambiar el café (Latte Factor): en Norteamérica se acuñó la expresión “latte factor” (vagamente traducido como “factor café”) para denotar lo costoso que resulta el hábito de tomar café varias veces al día. De nuevo, asumiendo $5 por café y 2 tazas diarias, también ahorraríamos alrededor de $2,500 al año. Si bien para muchos es imposible evitar tomar café, siempre hay alternativas: tomarlo en casa, llevar un termo al trabajo, “sobrevivir” con el café gratis de la oficina, etc.
  • Llevar una lista de compras al supermercado: el mundo del negocio minorista está diseñado para incentivarnos a tomar decisiones impulsivas. Por eso, llevar una lista puede ahorrarnos la discusión con nuestra conciencia, si es que acaso se da. Suponiendo que evitemos comprar ese antojo de $10 en el mercado semanal, habremos ahorrado $520 al cabo de un año.
  • Minimizar comisiones y tarifas bancarias: esto va desde evitar usar cajeros automáticos (ATMs) diferentes a nuestro banco (es casi seguro que el de la esquina dentro del minimercado nos cobre una comisión), pasando por evitar tarjetas de crédito con cuotas de mantenimiento anual, pago de intereses en la tarjeta de crédito, penalidades por fondos insuficientes, etc. Un estimado conservador podría implicar ahorros de $100 al año. Tocaré el tema bancario con detalle en el futuro.
  • Desconectar el cable y el teléfono fijo: en estos días donde muchos tenemos teléfonos celulares e internet en casa, estas son maneras muy astutas de ahorrar dinero. ¿No puedes vivir sin tu programa de TV por cable favorito? Actualmente hay servicios de internet como Netflix que resuelven ese problema. Asumiendo conservadoramente $80 mensuales por ambos servicios, el ahorro anual sería de casi $1,000.
  • Tomar libros en préstamo de la biblioteca pública: para quienes amamos los libros, el hábito de comprarlos puede resultar costoso. En Latinoamérica casi no existen sistemas de préstamos en las bibliotecas (de hecho, no recuerdo haber entrado a una fuera de la escuela o universidad), pero en Norteamérica hay muy buenos sistemas en muchas ciudades. También podemos leer las revisiones de nuestros libros favoritos (muchos se consiguen en Amazon.com y Amazon.ca) para decidir cuales comprar y cuales pedir prestados. Asumiendo que rentemos 6 libros al año de nuestra biblioteca, y costando cada uno $20, el ahorro son $120 en un año.
  • Transporte: hay una variedad de alternativas, desde intentar usar la bicicleta (si es posible), hacer carpool o usar transporte público. Incluso si no queda otra que usar el carro, llevar un adecuado mantenimiento y evitar acelerar y frenar bruscamente disminuyen el consumo de combustible. Asumiendo que se pierda un galón semanal por esas causas, con un costo de $3,50, el ahorro anual es de $182.
  • Investigar mucho para hacer grandes compras y esperar el mejor momento: a la hora de hacer una inversión grande, vale la pena investigar lo que otros tienen que decir sobre el producto, usando Amazon.com o Google Product Search. También esperar el mejor momento cuenta: si quieres tener un TV 3D, es mejor esperar un poco a que la competencia haga el trabajo de bajar los precios. Comprar en línea también puede ayudar de disminuir costos. Asumiendo que se compren $1,000 al año en productos durables (TV, computadoras, equipos de limpieza y cocina, muebles, etc.), ahorrar 10% al año representa $100.
¡Solo en estas ideas los ahorros anuales totalizan casi $7,000! Y juzgando por una búsqueda sencilla en Google, todavía quedan muchas más por explorar. ¿Qué otras maneras sencillas conoces de ahorrar dinero? ¿Cuánto calculas que puedes ahorrarte al año?

4 comentarios

Archivado bajo Frugalidad, Varios

¿Qué es Frugalidad?

Frugalidad es una palabra muy poco usada en español. La enseñan muy poco en la escuela, y sin embargo es una palabra tan poderosa que tiene el poder de cambiar nuestras vidas.

Wikipedia la define como “la adquisición de bienes y servicios de manera mesurada y recursiva usando bienes y servicios propios para conseguir objetivos a largo plazo”. Mi definición quizás sea más sencilla: es un estilo de vida en el cual se aprende a vivir “hasta donde arrope la cobija”. Es decir, es una filosofía acerca de llevar una vida sencilla y feliz, donde nuestras necesidades materiales realmente importantes están cubiertas y todo lo demás es prescindible.

En lo personal, la frugalidad es a las finanzas personales como Dios es a la religión: es el centro, la base sobre la cual giran todos los demás conceptos. Es ese concepto que, al internalizarlo, nos permite pasar de preguntarnos “será que esta promoción para comprar XYZ es buena” a una pregunta más fundamental: “¿De verdad necesito comprar XYZ en primer lugar?”

En general, los latinoamericanos hemos sido históricamente frugales: nuestros padres y abuelos casi siempre sabían la diferencia entre “querer” y “necesitar”. Sin embargo, tanto en Norteamérica como en muchas ciudades latinoamericanas, la cultura de consumo ha trastocado estos valores, particularmente en las nuevas generaciones. El éxito del consumismo ha sido justamente borrar la zona gris que separa lo que “queremos” vs. lo que “necesitamos”. Basta hacernos unas pocas preguntas para darnos cuenta: ¿Alguna vez…

  • Compraste algo solo porque alguien conocido ya lo tenía?
  • Compraste algo en promoción, solo porque no podías dejar pasar esa promoción?
  • Alguien te convenció que “debías” tener el producto XYZ, y lo compraste aunque en el fondo sabías que no era así?
  • Satisfaciste alguna necesidad real (por ejemplo, hambre) con una alternativa que sabes que era más de lo que necesitabas (por ejemplo, fuiste al restaurant más costoso)?
  • Adquiriste una deuda en cualquiera de las situaciones anteriores?

Ojalá las respuestas fueran siempre un rotundo “No”, pero como no siempre es así, este tipo de preguntas pueden al menos guiarnos hacia los cambios que necesitamos hacer si deseamos llevar un estilo de vida frugal.

Y para tí, ¿Qué es frugalidad? ¿Que otras preguntas pueden ayudarnos a ver si llevamos un estilo de vida frugal o no?

5 comentarios

Archivado bajo Frugalidad